Queridos Melillenses,
La Reina y yo estábamos deseando estar aquí, en Melilla, con todos vosotros. Este viaje a Ceuta y Melilla, estaba pendiente desde hacía demasiado tiempo. Teníamos previsto −antes de los sucesos de este verano− hacerlo este mismo año, como dije ayer. Pero en todo caso demuestra una vez más lo importante que es para la Corona estar, estar presente lo más posible por todo el país, en sus comunidades, ciudades y pueblos.
Por eso nos emociona hacerlo hoy aquí en Melilla y ayer en Ceuta: pasear por sus calles y plazas, compartir estas horas, conversar con sus autoridades y vecinos; escucharos y sentirnos próximos a vuestros problemas, animándoos también ante el futuro.
Os damos de corazón las gracias por salir a recibirnos con tanto cariño. Gracias (Presidente) por esa Llave simbólica que nos habéis entregado, pues será siempre testimonio y recuerdo de vuestra acogida, de vuestra lealtad; como también lo será de nuestro compromiso con Melilla. Sabemos que son días de inquietud, y por eso os lo agradecemos doblemente.
Queremos reconocer, especialmente, el compromiso y la dedicación de los servidores públicos de todas las Administraciones, que habéis hecho posible esta visita con vuestro trabajo y que, sobre todo, veláis a diario por el bien común en esta bellísima ciudad: por su seguridad, por sus servicios públicos, por su comercio y desarrollo económico, y por la tolerancia y respeto entre credos, razas y culturas.
Estamos impresionados por todo lo que hemos visto y vivido en Ceuta, una ciudad que aquí en Melilla sentís −por razones obvias− tan cercana. Sabemos que es mutuo. Pero estamos también esperanzados —y agradecidos— por el temple que están demostrando los ceutíes. Hablé allí de la importancia de preservar ese clima de civismo; de seguir haciendo las cosas bien en términos de convivencia, sobre todo en momentos complejos como los actuales.
También aquí, en Melilla, la convivencia es un reto diario. Un reto que durante siglos habéis gestionado con sabiduría, con inteligencia ciudadana, y que os ha hecho como sois: una ciudad rica en diversidad, en cultura, con un patrimonio singular e inconfundible. Pienso en el faro, en la ciudadela medieval —Melilla la Vieja—, en los ejemplos de arquitectura modernista, en los templos de las cuatro culturas. Sois una ciudad fascinante que merece la pena venir a conocer y a vivir.
«…aquí, en Melilla, la convivencia es un reto diario. Un reto que durante siglos habéis gestionado con sabiduría, con inteligencia ciudadana, y que os ha hecho como sois: una ciudad rica en diversidad, en cultura, con un patrimonio singular e inconfundible. Sois una ciudad fascinante que merece la pena venir a conocer y a vivir…»
Los hechos de estas últimas semanas, en Ceuta y, en cierta medida, aquí en Melilla, nos recuerdan la importancia de seguir trabajando unidos. Las discrepancias, lógicas —e incluso necesarias en una democracia avanzada, como la nuestra—, deben ir siempre de la mano de la unidad institucional y la búsqueda del entendimiento, que es garantía de estabilidad y la mejor fórmula para un trabajo eficaz. Todas las instituciones, empezando por la Jefatura de Estado, debemos trabajar siempre con esa misma conciencia del bien común. Eso piden y en eso confían los ciudadanos.
Desde esa posición quiero trasladaros un mensaje de presente y de futuro. Aunque sea una obviedad, es importante reafirmarla: Melilla es España y Melilla es Europa: su frontera es frontera de la Unión; una frontera única, que no distingue flancos ni puntos cardinales, pues se basa en un acervo compartido de derechos, libertades y responsabilidades ciudadanas. Cualquier amenaza a la frontera de un estado miembro lo es, por tanto, al conjunto de la UE.
Los españoles, los europeos, somos miembros orgullosos de una Unión que cree firmemente en el imperio de la ley y en la dignidad de la persona. Es un estándar muy alto, fruto de un camino largo y difícil. Pero que nadie confunda esas convicciones con debilidad. Estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades.
Queridos melillenses,
Hoy parece que el presente se impone y lo llena todo, convirtiendo en quimera cualquier otro horizonte. Pero yo os invito a seguir pensando en clave de futuro, con optimismo y alegría. Porque el porvenir de esta ciudad lo hacéis cada vez que os reunís, participáis en la vida pública, abrís las tiendas, los mercados, los colegios y cuidáis unos de otros.
Nunca dejéis de creer en el futuro de Melilla porque detrás de ese futuro —impulsándolo— estamos todos. Está toda España —los ciudadanos, las instituciones, los poderes públicos— y está una Unión que reúne 27 estados democráticos. El compromiso firme con el crecimiento social, económico y cultural de vuestra ciudad —de nuestra ciudad— es vuestra mejor garantía.
Acabo ya. Estos dos días −intensos− nos llevan, a la Reina y a mí, a una conclusión inequívoca: merecéis sentir más a menudo −también a través de vuestros Reyes− el abrazo y la cercanía de todos los españoles. No a pesar de vivir aquí, sino precisamente por eso.
Porque vivís en esta ciudad increíble, suma de culturas, donde −como en Ceuta− empieza España y donde empieza la UE; donde África y Europa se tocan, y donde dos reinos, España y Marruecos, debemos velar siempre por construir y preservar una relación de buena vecindad, que mire por un futuro de provecho mutuo a través de la paz, la seguridad, la estabilidad y la cooperación. Eso exige confianza y responsabilidad, basadas en la buena fe. Lo creo posible y deseable, merece la pena trabajar y abogar por ello, y a ello nos debemos comprometer todos.
La Reina y yo no olvidaremos esta visita; nos vamos con ganas de volver. Con esa emoción, con esa promesa y, sobre todo, con orgullo, os invito ahora a decir conmigo:
¡Viva Melilla! y ¡Viva España!
i28




