La intervención de Cayetana Álvarez de Toledo contestando a Enrique Santiago, y plantea una defensa firme de la libertad de expresión, la igualdad de todos los españoles ante la Ley y la fortaleza del Estado de derecho.
El discurso parte de una idea esencial: en democracia, todos los Diputados tienen derecho a expresar sus posiciones y deben poder hacerlo con respeto, incluso cuando sus argumentos resulten incómodos.
Una parte importante de la intervención se centra en denunciar la utilización de determinadas identidades políticas para justificar diferencias entre ciudadanos. Se cuestionan las dificultades para utilizar el castellano en algunas comunidades autónomas y se reivindica que la nacionalidad y los derechos de los españoles no dependan de identidades territoriales o sentimientos particulares.
El discurso dirige después su principal crítica a los acuerdos políticos con Bildu y recuerda especialmente a las víctimas de ETA. La intervención considera que pactar con quienes, según sostiene, no han condenado inequívocamente los crímenes de la organización terrorista supone cruzar una frontera moral que una Democracia no debería traspasar.
Frente a ello, reivindica la necesidad de recuperar un consenso basado en la dignidad de las víctimas, la defensa de la justicia y el rechazo absoluto de cualquier justificación de la violencia terrorista.
El mensaje concluye con una propuesta de regeneración institucional y moral: un Estado fuerte, un Gobierno sometido a la ley, una democracia renovada y una nación unida alrededor de unos principios comunes.
Más allá de las legítimas diferencias políticas, el discurso plantea una cuestión de fondo que merece ser debatida:
¿Puede existir una Democracia plenamente sana si la defensa de las víctimas del terrorismo, la igualdad ante la Ley y el respeto al Estado de derecho dejan de ser principios irrenunciables?




