En mi artículo «Demasiada demagogia», publicado en ÑTV España, reflexiono sobre la distancia que puede existir entre los grandes principios que proclaman los políticos —libertad, democracia, justicia y solidaridad— y sus actuaciones cuando ejercen el poder.
Me preocupa especialmente la utilización partidista de los problemas sociales y la tendencia a eludir responsabilidades. Considero que una democracia necesita orden, respeto a la legalidad y unas instituciones capaces de garantizar los derechos de todos los ciudadanos. La tolerancia ante actuaciones que cuestionan las normas comunes, sostengo, debilita el Estado de derecho y erosiona la confianza en las instituciones.
También cuestiono determinadas decisiones políticas relacionadas con la amnistía, los indultos y los pactos parlamentarios, que, a mi juicio, plantean serios interrogantes sobre la igualdad ante la ley y la responsabilidad de los gobernantes.
La economía ocupa igualmente un lugar central en mi análisis. Me preocupa el crecimiento de la deuda pública, el gasto sin una evaluación suficiente de su eficacia y las dificultades del mercado laboral. Defiendo que el Estado debe facilitar la actividad económica, combatir la corrupción y evitar que las instituciones se conviertan en instrumentos al servicio de intereses partidistas o personales.
Asimismo, considero que la experiencia económica de China obliga a reflexionar sobre el papel de la iniciativa privada, la propiedad y el mercado, incluso cuando se analiza un sistema político oficialmente comunista.
Mi conclusión es clara: España necesita menos demagogia y más responsabilidad política, transparencia y eficacia en la gestión pública. Quienes aspiramos a una sociedad más justa debemos exigir que las palabras se correspondan con los hechos y que las decisiones de nuestros gobernantes se sometan al interés general.
Invito especialmente a quienes se identifican con una izquierda democrática a reflexionar críticamente sobre estas cuestiones, porque la defensa de la verdad, la legalidad y la buena gestión debería estar por encima de cualquier disciplina ideológica.
Demasiada demagogia
«Vivimos en un mundo de locos donde se nos llena la boca con palabras tales como la libertad, democracia, justicia y solidaridad pero que, en muchas ocasiones no se compadecen con los hechos»…



