Mientras en Alemania los sindicatos subsisten con las cuotas de sus afiliados, en España CCOO y UGT dependen de los gobiernos de turno. Ahora convocan la primera huelga general contra la oposición.
Ayer me crucé con un grupo de liberados sindicales repartiendo pasquines a favor de la huelga general del 11 de noviembre. Les dije lo que pienso: que volvieran a su puesto de trabajo efectivo y que dejaran de vivir de los impuestos de los trabajadores. Es una escena pequeña, pero resume un modelo entero.
En Alemania, un sindicato que no convence a sus afiliados se queda sin recursos. Los grandes sindicatos alemanes viven de las cuotas de quienes los eligen, y eso los obliga a rendir cuentas ante ellos y no ante un ministerio. En España ocurre lo contrario: CCOO y UGT sobreviven con holgura gracias al dinero público, y esa dependencia condiciona su conducta.
Isabel Díaz Ayuso lo expuso sin eufemismos en la Asamblea de Madrid. Cifró en 569 millones de euros el dinero público que, según ella, ha ido a los sindicatos, con 318 millones solo para UGT. Podrá discutirse el tono de la presidenta, que fue duro, pero la pregunta de fondo es legítima: ¿por qué debe el contribuyente sostener a organizaciones privadas que dicen representar a los trabajadores? Okdiario
La respuesta habitual es que las subvenciones compensan funciones públicas, como la formación o la participación institucional. Pero un sistema así crea incentivos perversos. Quien recibe cientos de millones de los gobiernos de turno aprende pronto a medir sus palabras, a elegir sus batallas y a calcular cuándo conviene movilizarse. Hubo años de estancamiento salarial, de vivienda inasequible y de trenes averiados, y la calle permaneció tranquila. Ayuso reprochó que los sindicatos pasaran ocho años sin convocar huelgas pese a las 1.500 incidencias en Cercanías Madrid. Okdiario
Ahora, de pronto, hay huelga general. Es la primera con respaldo de los sindicatos mayoritarios desde 2012 y se ha convocado para el 11 de noviembre, dos días antes de que arranque la campaña de las elecciones generales del 29N. La coincidencia del calendario es difícil de ignorar. Okdiario
Y hay un detalle inédito. Por primera vez, los sindicatos mayoritarios convocan una huelga general que apunta contra la oposición. El propio medio que recoge las palabras de Ayuso la describe como una huelga contra PP y Vox. Resulta difícil recordar otra ocasión en que las centrales hayan movilizado a los trabajadores contra los partidos que no gobiernan, y no contra quien tiene el poder de decidir sobre salarios, vivienda y servicios públicos. Un sindicato independiente protesta contra quien manda. Uno que depende de quien manda acaba protestando contra quien aspira a mandar. Okdiario
Nada de esto significa que la reivindicación de vivienda carezca de fundamento. Los alquileres son un problema real y los trabajadores tienen derecho a exigir soluciones. Pero precisamente por eso merecen un sindicalismo creíble, con autonomía real y legitimidad ganada afiliado a afiliado, y no una estructura que parece sindicato por fuera y departamento administrativo por dentro.
La reforma es sencilla en su enunciado: que los sindicatos vivan de sus cuotas, como en Alemania. Si de verdad representan a millones de trabajadores, no necesitarán otra financiación. Y si no pueden sostenerse así, quizá esa sea la respuesta que los españoles merecen conocer.




