Es así, vivimos en un siglo de prisas, en un país subido al tren de las prisas. Si el capitalismo tiene prisas el comunismo chino también va con prisa. Va tan acelerado que se ha convertido en menos de 20 años en la primera potencia económica del mundo. Sin embargo, los chinos no dan tregua ni muestras de ir atropellados, apurados e impacientes con prisa sino al contrario. Pausados, silenciosos, decididos y dispuestos a echar horas por redefinir el capitalismo maoísta con prisas pautadas.
Las prisas del capitalismo mata. Así nos lo decía un familiar del desgraciado accidente ferroviario de Urda. Su esposa había salido de viaje en aquel tren siniestrado con prisa porque en la empresa le exigía cumplir las tareas con prisa: rapidez en los objetivos de venta, objetivos de plazos, objetivos de pedidos, la obsesión por mejorar la cuenta de resultados y las prisas por no perder ni el tiempo ni la conexión. Con esa presión normal que vaya uno acelerado, con el pulso salido y las arritmias en el orden del día. Si además te meten prisa para ir y venir en un tren que descarrila por las prisas de no hacer bien las cosas hasta degenerar en la negligencia, es imposible que no se pague caro: ahí están las víctimas, que todas ellas han muerto con mucha prisa, por las prisas y por el exceso de negligencias encadenadas.
La directiva fallecida formaba parte del capitalismo con prisa o del antes llamado capitalismo salvaje. Formaba parte de Viajes el Corte Inglés, y las prisas en algunas cadenas de medios se han apresurado a omitir el nombre de la empresa como antaño aludiendo a unos simples “grandes almacenes” para no arriesgar las inversiones en publicidad. El cinismo se cubre de gloria, la prensa encubre muertos y marcas comerciales cuando quiere.
Ahora toca el entierro y los funerales con prisa, porque corre prisa al ministro y al gobierno pasar página y retornar a las prisas de la campaña electoral. Corre prisa en apuntar como causa mayor al fallo humano, en caer en contradicciones, en engañar y descargarse de responsabilidades no solo penales, sino morales y políticas. La culpa, de un tiempo para atrás ya sabemos que es siempre de otro o de agentes externos. Hasta en eso nos montamos en la mentira precipitada. Y sobre todo, corre prisa por acabar no con el calvario de las víctimas sino el calvario del siniestro ministro que va a ser el centro de las críticas y trastoca la campaña electoral suya y del partido. “Pobre diablo, qué pena que da”, dice el estribillo.
Pero el capitalismo político mata por las prisas, porque hay cargos asumidos por políticos sin ninguna capacitación que al final matan y causan desgracias humanas. Si fruto del capitalismo con prisas habíamos parido el AVE convertido en emblema de la Marca España, ese mismo capitalismo acelerado y con velocidad de crucero se ha cargado hoy el AVE y la marca España por un puñado de cargos con carnet de partido que han usurpado los cuadros técnicos, desviado las inversiones presupuestadas y alimentado las sospechas de más corrupción. Los casi 1.700 liberados sindicales en las empresas afectadas también tendrían algo que contar que para eso se les paga sin trabajar, a pesar de la falta de personal en el centro de control y en el mantenimiento.
Con la Expo de Sevilla y el AVE de Madrid a la capital andaluza en el 92 también hubo escándalo. Entonces trajo polémica los sobrecostes de los trenes alemanes Siemens por ciertos convolutos diplomáticos, y lo vemos ahora en las líneas de los AVEs del 2026. Las sospechas de las prisas por desviar fondos y asignaciones presuntamente a gente del PSOE no justifica nunca tantas muertes con prisas por falta descarada de mantenimiento. A estas alturas del crimen nadie va a asumir la culpabilidad, pero es evidente que las prisas matan. La corrupción también.
Si el ministro ha de dimitir, con prisas o no, el tiempo lo dirá tras el duelo. Pero en la España capitalista con prisas, solemos precipitarnos por buscar mucho antes culpables que dar con las causas de los siniestros. El ruido no deja ver el tronco. Las prisas tampoco el paisaje. Y el silencio de las víctimas se ve apagado por el ruido de la pelea, de la bronca política. Hay prisas por la polémica, por identificar , por señalar, por malgastar y enriquecerse ilícitamente, hay prisas por acabar, por cerrar, porquerizar y por pasar página, sin pensar en lo que hay que cambiar, mejorar y aprender de los errores. Llámese Angrois, Adamuz o Urda.
Será difícil recuperar aquel eslogan de los 80 : “Papá, tren tranquilidad”. Hemos degenerado lo público (SEPI, Renfe, Adif, Correos, etc ) con tanta prisa que la vida se nos va por la ventanilla o expulsado del asiento del vagón. No nos da tiempo a vivir, amar y elogiar ni siquiera por un instante con sentimientos ingenuos y sencillos como diría Thomas Mann.
En el capitalismo con prisas, unos pretenden enriquecerse deprisa a costa de lo ajeno mientras otros tantos no salen de la miseria. Pero siempre hay quienes predican una cosa y hacen la contraria (tanto en la izquierda como en la derecha). Los sinvergüenzas y los golfos abundan en la condición humana desde hace más de 21 siglos. Pero el capitalismo con prisa también tiene héroes como el maquinista de Urda que camino a la muerte segura a alta velocidad trató en los últimos instantes salvar al mayor número de pasajeros extenuando los suspiros del AVE antes del impacto.
Atrás quedan los yogures en la nevera, el pienso para la mascota, los remordimientos que no salieron de casa y los comercios blindados por la protestas de unos vándalos.
Culpar al capitalismo con prisas del accidente del tren es una incongruencia cuando los trenes son casi todos del Estado, las vías son del Estado, la seguridad depende del Estado, y la seguridad de la circulación depende del Estado. Pero cuando sucumbe por acción u omisión nos pasa lo de Guernica, que se muere muchas veces y sucumbe en un paisaje desolado de hierros, convoyes, gritos, desesperación y ríos de sangre. Pero una cosa es segura, la autopsia concluye que ni Guernica ni Urda pueden ser solo culpa del capitalismo salvaje sino del pararrayos humano que se merece un Oscar.




