En este artículo «La Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana» que publico en el medio navarrainformacion.es, sostengo que uno de los grandes errores que ha acompañado a Occidente durante siglos ha sido convertir determinadas ideas religiosas o filosóficas en verdades indiscutibles y utilizarlas como fundamento absoluto para organizar la sociedad. Cuando eso sucede, el pensamiento libre deja paso al dogma.
Considero que durante gran parte de la llamada Era Cristiana se produjo una identificación excesiva entre poder, moral y religión, hasta el punto de limitar el debate intelectual y reducir el espacio para la discrepancia. Mi planteamiento no pretende negar el valor histórico del cristianismo ni su aportación cultural, sino cuestionar la tendencia humana a imponer convicciones como si fueran incuestionables.
Esa misma lógica, a mi juicio, no desapareció con la secularización moderna. Autores como Karl Marx trasladaron el eje del pensamiento desde la explicación religiosa hacia interpretaciones históricas y materiales de la sociedad, pero también dieron origen, en determinadas experiencias políticas posteriores, a nuevas formas de pensamiento cerrado que igualmente aspiraron a explicar de manera total la realidad humana.
Para explicar esta idea recurro también a Francis Bacon y su crítica a los prejuicios, a las falsas certezas y a la influencia que ejercen el entorno, el lenguaje y la autoridad sobre nuestra manera de pensar.
Desde esta perspectiva, defiendo que el progreso intelectual aparece cuando el ser humano recupera su capacidad crítica y cuestiona aquello que durante generaciones se ha considerado indiscutible. Mi invitación final es reflexionar sobre cualquier forma de ideología —religiosa o política— que sustituya el pensamiento por la obediencia.
La Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana
Dedicado a M.
«Siempre, a lo largo de la Historia, ha habido discrepancias entre las conclusiones derivadas del sentimiento y las derivadas de la razón. Los sentimientos de cada uno son ciertos para él, al igual que sus razonamientos son fuente para construir su verdad subjetiva. ¿Quiere esto decir que esas conclusiones sean verdades absolutas? No, aunque es coherente que cada uno las tome como punto de partida»…



