El sorprendente arte de no haberse enterado de nada

El sorprendente arte de la ignorancia socialista

Hay una forma muy española de descubrir las cosas: descubrirlas justo cuando ya las sabe todo el mundo. El socialismo patrio lleva días practicándola con una sinceridad conmovedora. «Jamás lo hubiera imaginado», repiten unos y otros, la mano en el pecho, los ojos como platos, ante la noticia de que el expresidente al que veneraban como brújula moral del partido guardaba en una caja fuerte de Ferraz —enfrente mismo de la sede, por no andar lejos— un lote de joyas tasado en 1.323.915 euros. La cifra es importante porque tiene seis dígitos y una historia detrás. Y la historia, como casi todo en este país, empieza por una rebaja.

Primero, el portavoz dijo que aquello valdría, como mucho, entre treinta y cincuenta mil euros. Los joyeros consultados respondieron lo que responde cualquier joyero al que le enseñan un rubí del tamaño de una avellana: que ni de lejos. La tasación judicial cerró el debate en 1,3 millones, y aún hay quien susurra que el valor real dobla esa cantidad. Entre el «cincuenta mil» del portavoz y el «un millón trescientos» del perito hay una distancia que en física se llama orden de magnitud y en política se llama esperar a ver si cuela. El propio portavoz acabó pidiendo perdón por «haber inducido a error». Inducir a error: una de las grandes aportaciones del lenguaje institucional, ese eufemismo con corbata.

La caja fuerte de los regalos de viaje

La defensa sostiene, de momento, que las joyas son herencia familiar y «regalos de viajes». Es una explicación que tiene su encanto. Uno viaja, le regalan un collar de diamantes, vuelve a casa, lo mete en una caja fuerte oculta frente a la sede del partido y se olvida. A todos nos ha pasado. El juez, menos sentimental, ha abierto pieza separada por presunto delito fiscal y contrabando, porque sospecha que entraron en España sin declarar y que nadie tributó por ellas. Y aquí conviene recordar que estamos ante indicios y una causa abierta: Zapatero se ha declarado inocente y tiene todo el derecho a demostrar que esos rubíes cruzaron la aduana con sus papeles en regla. Faltaría más.

Pero el artículo no va de las joyas. Va de la sorpresa.

El día que el Papa robó un coche

El relato que estos días circula por las tertulias afines es, en esencia, este: lo de Zapatero ha sido un shock, un mazazo, algo absolutamente inimaginable. «Si me lo dicen hace un mes, no me lo creo». La imagen que mejor lo resume la puso alguien con sorna: es como si pillaran al Papa robando un coche. ¿Quién iba a sospecharlo? Nadie. Imposible. El hombre era un referente ético.

El problema de esta coartada emocional es que solo funciona si uno ha pasado los últimos diez años en una cueva, sin prensa, sin internet y sin memoria. Porque la sospecha sobre las andanzas internacionales del expresidente no nació la semana pasada con un peritaje de joyas. Nació hace más de una década, en letra impresa, con fechas y cifras, en periódicos que cualquiera podía comprar en un quiosco.

Una hemeroteca muy poco sorprendente

Repasemos, porque la hemeroteca es ese lugar incómodo donde van a morir las sorpresas fingidas.

En septiembre de 2012 —hace casi catorce años— la prensa española ya publicaba que el macrocontrato de las patrulleras de Navantia con la Venezuela de Chávez, firmado durante su mandato, escondía una sociedad interpuesta y comisiones millonarias. No era una columna de opinión: eran diligencias judiciales y nombres propios del propio entorno socialista. Para entonces, quien quisiera enterarse, ya podía.

En 2016, con Zapatero convertido en «mediador» en Caracas, los medios documentaban sus estancias en el club más exclusivo de la ciudad —campos de golf incluidos— mientras el país que decía venir a pacificar se moría de hambre en las colas del supermercado. Se publicó que su papel real, lejos de la neutralidad que proclamaba, consistía en dar oxígeno al régimen. La oposición venezolana lo llamó directamente «el abogado del Gobierno». Él habló de «burda calumnia». Pero la sospecha ya era línea editorial, no rumor de barra.

En agosto de 2017, la fiscal general venezolana huida del chavismo, Luisa Ortega, sacó del país expedientes que volvían a colocar el nombre del expresidente sobre la mesa de la corrupción transnacional. Documentos. Filtrados. Publicados. Con titulares que no dejaban mucho a la imaginación.

Es decir: entre la primera sospecha publicada y el «jamás lo hubiera imaginado» de estos días median, redondeando, catorce años, tres grandes oleadas informativas y un país entero —Venezuela— como telón de fondo. No hablamos de un régimen cualquiera, sino de una de las dictaduras más sanguinarias del continente. Y resulta que el referente ético del socialismo español llevaba media década haciendo turismo diplomático por allí sin que a nadie del partido, supuestamente, le rechinara nada.

El efecto del cobertizo de bicicletas

Hay aquí un fenómeno psicológico que explica por qué las joyas indignan más que las toneladas de oro. A las comisiones del rescate de Plus Ultra —presuntas, insisto, causa abierta— se les calcula entre dos y cuatro millones de euros, y se habla de sociedades en Dubái y de oro y petróleo venezolano moviéndose por medio mundo. Pero todo eso es abstracto, mareante, requiere un máster en ingeniería financiera para escandalizarse. Un collar de rubíes en una caja fuerte, en cambio, lo entiende cualquiera. El oro a Suiza es una nota a pie de página; el rubí del tamaño de una avellana es una portada. Por eso la sorpresa estalla ahora y no en 2012: no porque ahora se sepa más, sino porque ahora se entiende mejor.

Lo cual nos devuelve a la sorpresa socialista, que es de los dos tipos posibles, y ninguno es bueno. O bien estos dirigentes y periodistas de verdad no se habían enterado en catorce años de algo que estaba publicado, y entonces el problema es una incompetencia informativa difícil de creer en profesionales de la política y la comunicación. O bien sí lo sabían, lo callaron mientras fue útil llamarlo «burda calumnia» y «campaña de la fachosfera», y solo lo han descubierto el día exacto en que sostenerlo dejó de salir gratis. No hay tercera puerta.

La soledad del referente

Lo más elocuente no es que un expresidente acabe imputado. Es la velocidad a la que se vacía una habitación. Durante años, su figura fue el sello de calidad moral del partido, el hombre al que se citaba para zanjar discusiones. Hoy los mismos que lo invocaban descubren, con asombro casi infantil, que el santo tenía la caja fuerte llena. No lo defienden ya con la UCO ni con el montaje judicial: simplemente fingen que acaban de conocerlo, como quien se entera de que el vecino del bajo regentaba un club nocturno desde hace una década y jura, mano en el corazón, que él pensaba que era una mercería.

Quizá la sorpresa más sincera de toda esta historia no sea la de los socialistas ante las joyas. Sea la nuestra, al comprobar la facilidad con que tanta gente seria puede pasarse catorce años sin leer el periódico, y recuperar la vista justo el día que conviene. Da casi envidia esa inocencia recobrada. Debe de ser muy descansado.

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Autor: Alex Borrás | Artículos - Wikipedia - Linkedin de Alex Borrás - Twitter
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