Un estudio de investigación lingüística sobre el español, en especial de la palabra «zorra»
“El lenguaje inclusivista”: Una rémora estéril que bloquea la comunicación y el pensamiento lógico.
El trabajo es un estudio de investigación, sobre más de 25000 palabras, tomando como base a sustantivos y adjetivos referidos a personas. Asimismo, analiza tres documentos, oficiales y públicos, que demuestran la incongruencia de tal propósito y la inviabilidad práctica del mal llamado “lenguaje inclusivo”.
Jugar con los conceptos de sexo y sexualidad para confundir a las personas, no es correcto ni apropiado, ni decente. El sexo lo propicia la propia naturaleza, precisado a través de los órganos genitales correspondientes, determinando que sean mujeres u hombres. Físicamente, hay dos sexos.
La sexualidad es cómo cada persona gestiona libremente su sexo: heterosexualidad, homosexualidad masculina o femenina, bisexualidad, transexualidad… Es una opción personal y libre, que debe ser respetada, pero que nadie tiene derecho a manipular ni a comerciar con ella para satisfacer intereses ilícitos y no declarados, ya sean estos políticos, económicos, etc. Utilizar el lenguaje para inmiscuirse en la intimidad y en los sentimientos de las personas, cambiando vocales finales y jugando con el significado de las palabras, es una práctica malsana y deshonesta.
¿Por qué es una rémora?
Los “añadidos inclusivistas” son una involución que trastoca la fluidez y la comprensión en la comunicación al tiempo que bloquea el pensamiento lógico. ¿Qué conocimientos y razones aportan quienes se adueñan de la significación de las palabras y de los conceptos? ¿Han dedicado tiempo a su investigación?
Los añadidos inclusivistas son antiestéticos porque repiten las palabras, de dos en dos, con la sola diferencia de su terminación en –a, –o, son inconsistentes porque trivializan y desestiman las enormes y significativas posibilidades del español, dentro del ámbito literario. ¿Cuál sería la opinión de Cervantes, Quevedo, Góngora, Pardo Bazán, García Lorca, Muñoz Seca, Miguel Hernández, María Zambrano, Montalbán y toda una amplia relación de escritores, periodistas, lingüistas, etc., etc., adscritos al buen escribir?
Son inoperantes, dado que no procuran nada positivo a la comunicación, ni aportan nada provechoso a las relaciones interpersonales. Además, son artrósicos porque encorsetan el discurso y lo someten a una tortura continuada, tanto desde la perspectiva morfológica, como desde la fonética.
Los añadidos ‘inclusivistas’ son ensoñaciones, siempre extrañas al lenguaje, que dictaminan un discurso lleno de transgresiones conceptuales y, al margen de enmarañar las comunicaciones, auspician antagonismos encontrados.
ZORRA, ¿SÓLO ES UN INSULTO?
Hay una palabra recurrente, siempre en primera línea, como ariete contra el correcto uso del español y peón de jaque. Nos referimos a la palabra zorra.
Hay quien afirma que, para evitar el insulto “zorra”, hay que referirse a la zorra, no como zorra, sino como la hembra del zorro. Es decir, a la zorra se le deja sin identidad propia y se le adjudica la de hembra referenciada por el macho. Es para hacérselo mirar, ¿no huele eso a machismo animal?
Han sentenciado que decir zorra es, inopinadamente, insultar. Aparte de ser una simpleza, es un diseño de ingeniería social, que deteriora la comunicación y la claridad de ideas, que adapta los conceptos a intereses no lingüísticos, para favorecer la aparición de grupos sociales antagónicos.
La RAE recoge distintas acepciones, referidas a las palabras zorro y zorra.
Zorro, a. m y f.
- Mamífero cánido de menos de un metro de longitud…
- Persona muy taimada, astuta y solapada…
- Persona que afecta simpleza e insulsez…
- Piel curtida que conserva pelo…
- Mofeta…
- En plural, tiras de orillo…
- Prostituta… y otras tres acepciones más.
No es sensato eliminar su significado primigenio, que le da identidad animal, porque a alguien, con licencia mal intencionada, se le ocurrió utilizar la palabra como insulto y, como consecuencia de ello, el acoso, la desvergüenza y la indigencia intelectual eliminan palabras y significados lingüísticos ¿Es eso razonable, es inteligente?
Es un ataque a nuestra bella y excelente lengua, a la libertad de expresión, al pensamiento lógico y a la convivencia social. Si alguien insulta, que se le aplique la ley. Quien insulta no es la palabra sino la persona que la utiliza para insultar, todo depende de la intención. Una bella palabra puede ser un insulto, mientras que un insulto puede convertirse en alabanza si esa es la intención de quien lo pronuncia. Como ejemplo, valga la expresión “H. de P.”, que puede significar: “¡Qué grande eres!”, “¡Has conseguido lo mejor!”, etc.
Hay personas que, de buena fe, se sienten influidas por tal insensatez, debido a que han puesto intencionalidad negativa a lo que no la tiene, identificándolo con lo que sí la tiene, y han convertido lo natural en sospechoso.
Si un zorro entra en un gallinero y mata una gallina, podemos decir sin problema que un zorro se ha comido una gallina. El problema está si es una zorra la que ha entrado en el gallinero y se ha comido una gallina, porque habría que decir que la hembra del zorro se ha comido una gallina y que no ha sido la zorra la que se la ha comido porque eso es un insulto.
Eso da para una obra de teatro.




