La conjura de los necios: el encuentro de Gabriel Rufián con Irene Montero

La conjura de los necios: el encuentro de Gabriel Rufián con Irene Montero

Hay una escena recurrente en la política española que ya merece su propio nombre técnico, quizás en latín para darle la dignidad que no tiene. Ocurre cada vez que la izquierda pierde unas elecciones, que es cada vez que las hay, los dirigentes se reúnen, ponen cara de circunstancias, pronuncian la palabra «reflexión» con la solemnidad de quien anuncia una encíclica, y acto seguido anuncian la creación de un nuevo espacio. El espacio anterior, que también fue nuevo en su momento, queda así automáticamente convertido en el problema que el nuevo espacio viene a solucionar. Es la izquierda española: un ouroboros ideológico que se devora a sí mismo con perfecta regularidad cada dieciocho meses.

El último capítulo de esta comedia con vocación de tragedia lo protagonizan Gabriel Rufián e Irene Montero, que el próximo 9 de abril se reunirán en Barcelona para anunciar, con toda probabilidad, algo que aún no saben qué es. El título del acto — «¿Qué hay que hacer?» — es tan involuntariamente honesto que merece un aplauso. Llevan décadas haciéndose esa pregunta. La diferencia es que antes al menos fingían tener la respuesta.

El contexto lo explica todo. En Aragón, Podemos cosechó menos del 1% de los votos. En Castilla y León, repitió la hazaña con el 0,75%, y la coalición IU-Sumar se quedó en el 2,22%. Cero escaños a la izquierda del PSOE en ambas comunidades. Rufián, con ese talento innato para el diagnóstico que no alcanza al tratamiento, escribió en X que «no hacer algo es pura negligencia.» Correcto. Aunque cabría añadir que llevar veinte años haciendo siempre lo mismo —crear un nuevo espacio, fragmentarse, acusarse mutuamente de ser agentes de la Moncloa, volver a crearse— también tiene algo de negligencia, si no de algo más grave.

La genealogía del desastre es instructiva. Primero fue Izquierda Unida. Luego Podemos, que vino a salvarnos de IU. Luego Unidas Podemos, que vino a salvar a Podemos de sí misma. Luego Sumar, que vino a salvar a Unidas Podemos del naufragio. Ahora Montero y Rufián, que vienen a salvar a Sumar de Yolanda Díaz, quien ya se ha ido por su cuenta antes de que la salvaran. Cada nuevo espacio dura aproximadamente lo que una coalición de gobierno italiana, y termina igual: con los fundadores hablando de traición en los platós y con los votantes mirando la papeleta con la expresión de quien busca el mal menor entre males que han perdido hasta el número.

Pero lo verdaderamente sublime de esta operación es su geometría política. Rufián es el portavoz en el Congreso de Esquerra Republicana de Catalunya, un partido cuyo proyecto estratégico, constitucional y existencial consiste en sacar a Cataluña de España. Es el hombre que lleva años explicando que Madrid es el problema, que el Estado español es una jaula plurinacional, que la independencia es cuestión de tiempo y de voluntad democrática. Ese hombre se ha propuesto ahora salvar España de la derecha. El patriota español menos probable del parlamento se ha convertido en el arquitecto del nuevo frente nacional progresista. Si Ortega y Gasset levantara la cabeza, probablemente volvería a bajarla.

Su aliada elegida para esta empresa no es menos interesante. Irene Montero, eurodiputada de Podemos, es conocida entre otras cosas por sus declaraciones sobre la necesidad de que España acoja más inmigración como solución demográfica, en el sentido más literal y sustitutivo del término. El independentista que quiere irse de España y la feminista que quiere repoblarla con otras gentes se han unido para defender a los españoles de la derecha española. La paradoja tiene una elegancia casi matemática.

Sumar, mientras tanto, observa la maniobra y habla de «fuego artificial» y de «maniobra de la Moncloa.» ERC, el propio partido de Rufián, ha comunicado discretamente que se presentará con sus propias siglas. Ione Belarra asegura desde Podemos que ese tándem «es lo que la gente estaba esperando», lo cual es técnicamente posible si la gente llevaba esperando algo que nadie sabe definir todavía con precisión.

El acto se celebrará en la Universidad de Barcelona. El título, recordemos, es «¿Qué hay que hacer?» Xavier Domènech, otro superviviente de anteriores espacios refundados, ejercerá de moderador. Todo muy catalán, todo muy circular, todo perfectamente diseñado para generar cobertura mediática sin comprometer nada concreto.

La derecha, entretanto, no tiene que hacer nada. Solo esperar. Que es exactamente lo que lleva haciendo, con gran éxito, desde que la izquierda española descubrió que crear nuevos espacios era más reconfortante que ganar elecciones.


Autor: Admin i28 | Artículos de Admin i28
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