Existe un riesgo estructural en España: el envejecimiento y la falta de mantenimiento de gran parte de la red de presas. Muchas de estas infraestructuras fueron construidas en el siglo XX y hoy presentan déficits de conservación, inversión y planificación de seguridad, en un contexto de fenómenos meteorológicos más extremos.
España cuenta con más de 2.400 presas, una de las redes más densas del mundo. Más de 600 superan los 50 años y más de un centenar tienen más de un siglo. Al menos 140 presentan problemas de seguridad por falta de mantenimiento profundo, mientras la inversión destinada a conservación estaría muy por debajo de lo necesario.
El bloqueo de nuevas obras hidráulicas, la falta de limpieza de cauces y la ausencia de planes de emergencia en muchas presas. Tres de cada cuatro carecerían de protocolos eficaces, lo que incrementa la vulnerabilidad ante inundaciones o lluvias torrenciales.
Hay una inversión insuficiente: se estima que el mantenimiento requeriría entre 400 y 500 millones de euros anuales, mientras que en 2023 se habrían destinado apenas 16 millones. Esta situación, unida a episodios recientes de lluvias intensas y riadas, aumenta el riesgo de catástrofes evitables.
Desde una perspectiva jurídica, la Administración tiene la obligación de garantizar la seguridad de estas infraestructuras, implantar planes de emergencia y modernizar el sistema hidráulico.
La falta de actuación puede derivar en responsabilidades y que es urgente invertir, inspeccionar y planificar con criterios técnicos para evitar tragedias futuras.
La bomba de relojería de la infraestructura española: las presas
«España afronta un riesgo estructural grave: una red de presas envejecida, en gran parte heredada de las grandes obras hidráulicas del siglo XX —muchas construidas durante el periodo de Franco—, hoy sumida en un déficit crónico de mantenimiento y sin planes de seguridad efectivos, en un contexto de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos».




