Los progresistas modernos, herederos de la demagogia marxista y comunista, usan la eficaz técnica de comunicación del «espejo»: Es decir, mirarse al espejo y arrojar sus propios defectos sobre los oponentes, a la vez que intentan apropiarse de las virtudes de esos mismos oponentes políticos.
En este caso, Venezuela es un buen ejemplo de ese espejo de corruptos, reflejado en el cínico e indigno comunicado firmado por miembros del Grupo de Puebla, que reúne a Zapatero, Sánchez, y otros gobernantes que se identifican como izquierdas progresistas de Colombia, Brasil, México o Venezuela.
En dicho comunicado acusan a Estados Unidos, el eterno y manido «Demonio Yanqui», de haber violado el derecho internacional con la captura de Maduro.
Sin embargo no citan que los venezolanos han vivido décadas de terror bajo el yugo de líderes mafiosos y corruptos, condenados y no reconocidos internacionalmente, que exportaban el crimen y el narcotráfico a otros países.
Esos criminales empezarán ahora a ser juzgados por sus fechorías contra su propio pueblo, un pueblo que aplaude dicha captura y liberación y que tarde o temprano acudirá a las urnas, está vez con garantías de transparencia, y que posiblemente acabe votando a María Corina Machado.
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