España no se está gobernando: se está hipotecando con una política de tierra quemada.
No para mejorarla, no para fortalecerla, sino para condicionar su futuro y hacer casi imposible su reconstrucción cuando el Poder cambie de manos.
La historia demuestra que cuando un dirigente sabe que su proyecto no tiene recorrido, adopta una estrategia conocida: tierra quemada:
- No busca prosperidad; busca irreversibilidad.
- Decisiones que no puedan deshacerse.
- Daños que otros deban gestionar.
- Conflictos que estallen cuando él ya no esté.
Hoy, muchos españoles perciben que esa estrategia se aplica deliberadamente.
Regularizar para atar el futuro
La regularización masiva de inmigración ilegal no se plantea como integración ordenada, sino como acumulación acelerada de hechos consumados. Cada regularización crea derechos políticos, sociales y administrativos que ningún gobierno posterior podrá revertir sin provocar una crisis mayor.
- No es solidaridad: es ingeniería política.
- No es gestión: es condicionamiento del mañana.
- Un país sin control fronterizo no decide su futuro; lo padece.
Gobernar sin consenso nacional
Cuando un Gobierno se sostiene sobre alianzas con fuerzas que rechazan la unidad del Estado, la normalidad constitucional se convierte en un obstáculo. Entonces el Poder deja de servir al País y pasa a defenderse a sí mismo.
En ese punto, la prioridad ya no es España, sino aguantar un día más.
Todo vale si garantiza supervivencia política:
- Fragmentar la sociedad.
- Tensionar territorios.
- Romper consensos históricos.
- Erosionar instituciones.
Fronteras porosas, Estado débil
Miles de personas cruzan fronteras interiores y exteriores mientras el Estado mira hacia otro lado. La permisividad no es casual; es funcional. Cada empadronamiento, cada regularización, cada concesión automática construye una realidad irreversible.
El mensaje es devastador:
- España no protege sus límites, ni legales ni morales.
La herencia envenenada
La tierra quemada no busca aplausos hoy; busca problemas mañana.
Servicios públicos colapsados, convivencia rota, identidad cuestionada y un país dividido entre quienes pagan el coste y quienes heredan el caos.
El objetivo es claro: que el siguiente gobierno fracase, que nadie pueda recomponer lo destruido sin pagar un precio político insoportable.
Conclusión
- Esto no es izquierda o derecha.
- No es ideología.
- Es supervivencia nacional.
Un País no puede permitirse gobernantes que piensen en el Poder antes que en la nación. España no es un tablero que se quema al perder la partida.
España no se destruye para no perder.
España se defiende.
Enlace:




