España vive el final de una etapa política marcada por el sanchismo, que a mi juicio ha debilitado al socialismo tradicional y ha generado un clima de improvisación y dependencia de socios radicales. El PSOE, lejos de asumir derrotas y rectificar, parece atrapado en una dinámica de supervivencia que busca nuevas fórmulas para mantener el Poder, incluso acercándose más a la ultraizquierda y a partidos separatistas.
En ese contexto surgen maniobras y experimentos políticos que evidencian nerviosismo ante un posible desgaste electoral. Se interpreta que parte del entorno del Gobierno explora salidas alternativas y reconfiguraciones del espacio ideológico progresista, movido por el temor a perder posiciones institucionales. Ese “laboratorio” de alianzas y estrategias, según el artículo que sigue, refleja más preocupación por conservar cargos que por ofrecer soluciones sólidas al País.
Sostengo que el PSOE necesitaría liberarse de la influencia del sanchismo para volver a una izquierda constitucionalista. Mientras eso no ocurra, considera que se prolongará la inestabilidad interna y la búsqueda de nuevas coaliciones. En ese escenario aparece la figura de Gabriel Rufián como posible elemento aglutinador de una candidatura amplia de la izquierda más radical, una opción que el autor ve improbable y con escasa credibilidad incluso dentro de su propio espacio político.
La conclusión es que el actual momento político es de transición y desgaste. Auguro que los próximos procesos electorales y la pérdida de apoyos podrían precipitar cambios profundos dentro del socialismo español y en el conjunto del bloque gubernamental.
Javier Megino: La escapatoria de Rufián
«La travesía por el desierto que va a sufrir el socialismo español, tras verse parasitado por el sanchismo fanático y extremista, va a ser de difícil digestión y, como vamos viendo, generará variopintas soluciones que pretenderán hacer frente al declive en el apoyo de ese electorado que dicen de izquierdas y se autocataloga como progresista»…



