El Foro Económico Mundial ha decidido sacar los colores a Sánchez. Por primera vez, el informe Global Risks Report coloca al País entre los que tienen servicios públicos y protecciones sociales insuficientes. No es un aviso cualquiera: es el diagnóstico de más de mil líderes y expertos internacionales que ven en España un riesgo claro para los próximos años. Y no, no es por casualidad.
El deterioro de la sanidad pública es evidente: colas eternas, hospitales que no dan abasto y una sensación generalizada de abandono. La educación tampoco escapa, con recursos congelados y centros que sobreviven como pueden. Añade una administración social que parece más interesada en la propaganda que en solucionar problemas reales, y el resultado es un sistema en caída libre.
El sanchismo ha vendido durante años un escudo social a prueba de bombas, pero la realidad es tozuda. El envejecimiento de la población dispara el gasto en pensiones y sanidad, la presión fiscal no deja margen para mejorar nada y, mientras tanto, el Gobierno insiste en su relato triunfalista. Basta de cuentos: el informe de Davos lo deja claro, la protección social española no aguanta una revisión seria.
El informe señala también la erosión de la confianza ciudadana. Cuando los servicios públicos fallan, la desconfianza crece y la capacidad para invertir y reformar se evapora. La política de titulares y gestos vacíos ha pasado factura: España no solo pierde posiciones, también pierde credibilidad.
Otros países europeos tienen problemas similares, pero la diferencia es que aquí se niega el diagnóstico y se maquilla la situación. Mientras tanto, la deuda pública sube, la polarización se enquista y las oportunidades se esfuman.
Lo que el sanchismo llama avances, fuera se interpreta como retroceso. El aviso está ahí, firmado por Davos y por todos los datos objetivos que el Gobierno sanchsita ignora. España, bajo este modelo, se desliza hacia un escenario donde los servicios públicos y la protección social ya no son un derecho garantizado, sino una promesa cada vez más vacía.
Adicionalmente, el aumento de pobreza o la pérdida de calidad y atención en servicios públicos, provoca una reacción natural de desconfianza muy grave, que es la propagación de populismos de ruptura. Es decir, si la población se queja largo tiempo sin que se atiendan sus pretensiones, caerán en manos de populistas incompetentes que les engañarán con falsas promesas. Y los ejemplos de estas reacciones fatales se han dado siempre en la historia: Un pueblo ruso que cayó en manos del comunismo, iraníes manipulados por un régimen religioso teocrático, o venezolanos engañados por el chavismo
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