La guerra es enfrentamiento y odio. La guerra puede ser entre naciones, entre bandos de una misma nación o también puede ser una lucha alimentada por intereses económicos, políticos, sociales o de cualquier otro tipo, movidos por ambiciones, sentimientos de odio, intolerancia o egoísmos diversos. Todo lo que hemos indicado, y otras circunstancias más o menos similares, entran dentro del concepto de enfrentamiento y odio y, por lo tanto, dentro del concepto de guerra.
Quienes han seguido la estela de Zapatero, con ese regusto suyo por la crispación, según él mismo confesó, y abrazan su posicionamiento guerracivilista, plasmado en la llamada “Memoria histórica”, no tienen credibilidad acreditada y sólo engañan de nuevo a esa ciudadanía, que todavía los escuchan, con el fraudulento y recurrente discurso del “NO A LA GUERRA” y el muy esperpéntico “AÑO DE FRANCO”. ¡Quién lo diría! ¡Franco homenajeado durante todo un año por quienes dicen que le odian, pero que no pueden olvidarlo! Paradojas de la vida: ¡Lo necesitan tanto! ¿Qué serían sin su recuerdo?
Quienes proclaman y se pavonean con “EL NO ES NO”, quienes levantan muros y rompen el diálogo y el consenso político para posibles acuerdos, quienes benefician a verdugos de mujeres con la ley del “SÍ es SÍ”, quienes permiten la quiebra de derechos constitucionales, como es el acoso a menores en los colegios y a particulares por hablar español en España, quienes perjudican a la sociedad por el incumplimiento de sus obligaciones de gobierno como es: la no Presentación de Presupuestos, el desprecio al funcionamiento del Congreso y el Senado, el uso y abuso de recursos del Estado para provecho particular. También la falta de empatía ante los problemas sufridos por la ciudadanía de a pie, tales: con DANA de Valencia, desastre ferroviario de Adamuz, erupciones volcánicas en Canarias, aumento de inseguridad en las calles, la desatención a enfermos de ELA, el desprecio a la igualdad entre españoles favoreciendo a socios y a sostenedores del sitio de La Moncloa y otros numerosos considerandos, quienes son los autores de tan diversos despropósitos, debieran responder de sus dejaciones y de sus irresponsabilidades.
Quienes son maestros del enfrentamiento calculado por intereses partidistas, ideológicos o particulares no tienen legitimidad ni autoridad moral para presumir de pacifistas. Es una burla macabra y una falta de respeto a la verdad y a la inteligencia. Es una muestra de cinismo calculado. Quienes utilizan el eslogan del “no a la guerra” como propaganda política, son quienes nos tienen metidos en el pasado, recordando diariamente a Franco y a una guerra fuera del presente y del futuro, como si aún estuviéramos en esa guerra.
Lo del “No a la guerra” es una falaz mentira. Si esa proclama fuera verdad, ¿por qué, después de tantos años, siguen insistiendo en su guerracivilismo intransigente, que tantos votos le han dado y que es lo que de verdad buscan y les importa?, ¿por qué se ocupan de mantener vivo el enfrentamiento entre españoles mientras, al mismo tiempo, afirman que lo del terrorismo de ETA es cosa del pasado, a pesar de que verdugos y parte de las víctimas aún viven en el presente? Es de una incoherencia inasumible e imperdonable, es de una clara desvergüenza a ojos vista, sólo en beneficio de valedores y favorecidos.
Es evidente que necesitan mantenernos enfrentados para que no nos demos cuenta de lo que, en realidad, sucede. Los guerracivilistas no nos ofrecen ningún proyecto de presente ni de futuro porque no lo tienen, más allá de ocupar el poder, eso explica su obsesión por mantenernos en el pasado y el recordar a Franco de forma obsesiva. ¿Qué harían sin la advocación y la reiterada monomanía de la guerra y el franquismo?
Están obsoletos en ideas y sin recursos para construir o mantener una sociedad en la que el bienestar y la convivencia fructifique en beneficio de toda la ciudadanía. Ya lo hemos comprobado en repetidas ocasiones, mandan mucho, pero gobiernan mal, engañan y perjudican, subvencionan buscando votos, pero no atienden las justas necesidades de los más desfavorecidos, como ya hemos señalado anteriormente y, algo muy grave por las negativas repercusiones que tiene para todos, no asumen sus propias responsabilidades y, por lo tanto, las soluciones a los problemas o llegan tarde, o no llegan.
Ante tantos desatinos, el “no a la guerra” queda resumido en lo que prácticamente es: Una triquiñuela para rebañar votos.




