Lo vendieron como una revolución moderna: las balizas V16 y su flamante mapa, emblema de esa España hiperconectada que tanto le gusta promocionar al sanchismo. La realidad, sin embargo, es que la jugada ha salido torcida. Lo que debía protegerte se ha convertido en un regalo para ladrones y oportunistas. Basta con entrar en mapabalizasv16.es para ver cómo cualquier coche parado aparece, en tiempo real, a disposición de quien busque una presa fácil. No hay protección real, ni física ni digital. Te deja vendido en la cuneta… y con el sello oficial del Gobierno.
- El truco burocrático del sanchismo ha sido vestir el sistema de legalidad: la baliza no envía tu nombre ni matrícula, solo la ubicación y un identificador técnico.
- Tranquilidad de despacho, pero si eres tú quien está esperando la grúa, de poco sirve.
- El peligro no es administrativo: el problema es que todo el que quiera puede saber dónde y cuándo eres un blanco vulnerable.
No hay que teorizar nada. Tres conductores han denunciado robos tras aparecer en el mapa. Esto ya no es una posibilidad, es un riesgo creado desde la propia norma. Y no es casualidad: cada innovación impulsada por el sanchismo suele venir envuelta en titulares sobre progreso… y acabar generando más lío del que resuelve.
Tampoco falta la picaresca, que en España encuentra siempre vías de adaptación. Las grúas pirata lo tienen fácil: monitorizan el mapa, aparecen antes que la asistencia oficial, y presionan al conductor para quedarse con el coche o para que acepte un traslado improvisado.
Luego llegan las sorpresas:
- Facturas hinchadas.
- Talleres impuestos.
- Y una odisea para recuperar el control.
Con varios casos ya documentados. ¿Medidas del Gobierno? De momento, la respuesta oficial es el manual: la Ley se cumple, los datos son anónimos. Pero el riesgo lo pagas tú, y la improvisación la asume siempre el ciudadano, nunca el burócrata ni el ministro de turno.
En paralelo, otro síntoma clásico de la política espectáculo: las balizas falsas y el negocio a su alrededor. Organizaciones como FACUA llevan semanas alertando sobre la venta de dispositivos no homologados, comercializados bajo la propaganda de “seguridad”, pero que solo aportan riesgo y frustración al usuario. El Gobierno, por supuesto, se limita a lanzar comunicados y lavarse las manos.
El resultado final es la España del sanchismo: mucha promesa de modernidad, pero, en la práctica, más exposición y menos protección. El sistema, tal y como está planteado, convierte cada avería en un mapa público de tu desgracia, mientras la Administración se cuelga la medalla digital.
Fuentes:
– Vozpópuli
– Onda Cero
– FACUA




