Un lenguaje del sanchismo, propio, curioso, único y diferente, donde la misma palabra puede tener distintos significados sin ser polisémicas. Sus significados pueden ser tan variados como dispares —nunca incoherentes, eh—. Pongamos los primeros ejemplos: donde el “no es no” después es un sí, o un tal vez, o un cambio de opinión (que es de sabios, claro está). Lo que le vendría bien al señor presidente es saber la segunda parte, porque si cambiar de opinión es de sabios, hacerlo en demasía es de necios.
Continuamos con lo que él llamaba una indignidad política, pues según nuestro muy estimado presidente, la aprobación de los decretos-ley son un atropello a la voluntad del parlamento. Lleva 155 decretazos dados.
Seguimos caminando por “Nunca más indultos políticos” pasando por un “no tiene sentido que un político indulte a otro” llegando a “el debate de los indultos ni siquiera está en la mesa” para arribar algo más tarde a “Para construir la convivencia ahora lo útil es el perdón” y acabando en 9 indultos a los condenados de “procés” y 4 más a delitos de corrupción/prevaricación/malversación.
Proseguimos, con el deber a la total y absoluta transparencia en las comparecencias de investigación, claro que faltaba el “pequeñín” detalle que dicha sinceridad no era para que cuando el que comparece es su excelentísima persona, en su última comparecencia decenas de afirmaciones bajo un “no me consta/ no lo recuerdo / no lo sé.” Le faltó atenerse a la quinta enmienda estadounidense.
Para seguir, está la palabra corrupción, y más cuando dicha palabra pasa al acto, y si encima el acto de corromper está en su propio partido, en sus fieles más allegados y hasta en su propia familia… ¡No es corrupción, por favor! Que alguien avise a la UCO: es persecución y linchamiento.
Retomando los actos, como lo es el acto del señalamiento. Cuando este hecho se producía —mínimamente, en comparación— desde otros partidos (daba igual: derecha, izquierda o centro), estos actos eran nazistas, fascistas o franquistas. Lo mismo da, la cuestión es que eran actos reprobables, y con razón. ¿Os acordáis con qué vehemencia los condenaba? Vehemencia, pasión, ímpetu de indignación absoluta. Pues yo ya he perdido la cuenta de empresarios, jueces y ahora periodistas que han sido señalados por este gobierno de una manera brutal y sin inmutarse emocionalmente.
Leyendo la mayoría de mis palabras en tono irónico, seguiré en esa línea para decir que tampoco me extraña el comportamiento de este gobierno, teniendo de ministro a personas como Óscar Puente, con un complejo emocional de matón siciliano, y de capo, a alguien cuya obsesión por y para el poder roza ya lo enfermizo. Que sin yo ser doctora, pero sí librepensadora, queda pensado y dicho.
Y dejando ya la ironía a un lado, ojalá en las próximas elecciones no tengamos la memoria de pez que sufrimos los españoles, y no olvidemos todo lo que ha hecho. Aunque todo ello no se pueda reflejar en un solo artículo de la cantidad de contracciones que ha hecho durante su mandato, porque de ponerlas literalmente y con fechas, daría para una trilogía.
Porque esto que está pasando —este gobierno que utiliza al Congreso para no llegar a acuerdos, haciéndolo a través de los muchos decretazos que ya ha hecho y sin presupuesto. Que utiliza su “estatus” de gobernante para amedrentar a todos los demás poderes, legislativo, ejecutivo, judicial, mediático, económico, social, religioso y hasta el cultural (Caso Nacho Cano). Que utiliza la dependencias y posesiones del estado para su uso particular y engorde de su ego, (El palacio de la Moncloa para hacer ruedas de prensa socialistas, o el Falcon entre sus muchas actividades, la de ir a una boda familiar)— etc…
¡Este gobierno! No es nada democrático ni nada transparente. Y los ciudadanos no podemos impedir que esto suceda, una vez votado un gobierno no podemos evitar que actúe de manera irregular o inmoral durante cuatro años, pero si tenemos el poder para que no se repita.
Sanchismo: un partido que recuerda más a los “años a.” (Que a este paso sí que serán años antes de Cristo), que no al progresismo del que presumen tener.
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