Que nadie se engañe: en este país los escándalos no se reciclan, se mutan: Del Covid a las balizas V16. Cambia el envoltorio, pero el contenido apesta igual. Si hace nada nos vendían test rápidos a precio de oro, ahora la jugada es otra: las balizas V16. ¿Y quién está detrás del pelotazo? La misma empresa (sí, la misma, ni disimulan) que facturó millones en plena pandemia vendiendo material sanitario. Y sí, con el BOE en la mano y el respaldo de los mismos de siempre.
Del Covid a las balizas V16
Durante la fiebre del Covid, el negocio se disparó: más de 6 millones de euros de beneficios en 2022, mientras los hospitales veían cómo las mascarillas llegaban tarde y mal, y los contratos caían a dedo bajo el paraguas del “procedimiento de emergencia”. ¿Qué significa eso en cristiano? Que el Gobierno podía adjudicar el suministro de material sanitario sin concurso ni transparencia, eligiendo a dedo a las empresas, como Aleu Medical, mientras el dinero público circulaba con menos controles que un after de barrio.
¿Termina ahí la historia? Ni por asomo. Cambia la alarma sanitaria por la de tráfico y aparece Aleu Datsi S.L., de las mismas cabezas pensantes. Esta vez, el golpe maestro llega con las balizas V16 conectadas, esas que, casualmente, la DGT declara obligatorias desde el 1 de enero de 2026, justo después de tramitar una homologación “in extremis” y con un certificado expedido a nombre de la misma Aleu Medical de antes, no la filial “tecnológica”.
La operación huele a repetición de libro. Mismo patrón, adjudicación rápida, papeles que se firman deprisa y corriendo a finales de diciembre, y el mercado controlado por quienes ya sabían moverse en la sombra. El gobierno, mientras tanto, pone la alfombra roja. No solo hablamos de autorizaciones, hablamos de cenas, premios y galas, con Salvador Illa (ministro entonces y hoy aspirante a lo que le dejen) dejándose ver en los saraos de la fundación de las Zhou, sonriendo a cámara como si todo esto fuera pura filantropía.
¿Casualidad? Lo que pasa es que en España la casualidad siempre beneficia a los mismos. Los que mandan hoy son los que ayer cerraban hospitales mientras firmaban contratos de emergencia con empresas que ni el registro mercantil conocía. Y ahora, en 2026, repiten la jugada con la seguridad vial como excusa. Lo llaman progreso. Yo lo llamo barra libre para el negocio y para el amiguismo.
Nadie en la DGT ha dado una explicación convincente de por qué se acelera una certificación a última hora para una empresa que ya viene de forrarse durante la pandemia. Nadie en Moncloa pregunta nada, claro. Hay demasiado que perder. El resultado: el mercado de las balizas controlado, el ciudadano pagando, y las mismas caras en la foto del éxito. El ciclo se cierra. Hasta el próximo susto nacional.
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The Objective
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