El artículo que publico en Asuntos Policiales, titulado “La desinformación reina en la televisión española”, plantea una reflexión crítica sobre el papel que desempeñan determinados medios audiovisuales en la formación de la opinión pública. La tesis principal es que una parte creciente de la programación televisiva habría abandonado los principios clásicos del periodismo —rigor, contraste de fuentes e imparcialidad— para dar paso a contenidos más orientados a la influencia política y emocional del espectador.
Según el análisis que expongo, la televisión sigue siendo uno de los instrumentos de comunicación con mayor capacidad para moldear percepciones colectivas. Por ello, cuando la información se presenta de forma parcial, sesgada o insuficientemente contrastada, las consecuencias pueden afectar directamente a la calidad del debate público y a la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas.
El texto advierte además sobre un fenómeno cada vez más frecuente: la dificultad para distinguir entre información, opinión y propaganda. La presencia de tertulias altamente ideologizadas, la selección interesada de determinados temas o enfoques y la repetición constante de ciertos mensajes pueden contribuir a generar una visión incompleta de la realidad.
Esta preocupación no es exclusiva de España. Diversos estudios y organismos internacionales vienen alertando desde hace años sobre los riesgos de la desinformación y de la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales. La confianza pública en los medios de comunicación constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia sólida.
La mejor respuesta frente a este problema sigue siendo una ciudadanía crítica, capaz de contrastar fuentes, consultar distintas perspectivas y exigir transparencia y profesionalidad a quienes tienen la responsabilidad de informar. Una sociedad bien informada es más libre, más difícil de manipular y está mejor preparada para afrontar los desafíos políticos, económicos y sociales de su tiempo.
En definitiva, el artículo invita a reflexionar sobre la necesidad de recuperar el valor de la verdad, el rigor informativo y la independencia periodística como elementos esenciales para la salud democrática de España.
LA DESINFORMACIÓN REINA EN TELEVISIÓN ESPAÑOLA
«Hay que reconocerle un mérito indiscutible a la línea editorial de Televisión Española: su incombustible fe en la magia de la física y el ilusionismo verbal. Solo en el asombroso laboratorio de su programación matinal y de tertulias es posible ver cómo un bumerán judicial que impacta de lleno en la línea de flotación del socialismo termina, por arte de guion, descalabrando contra la oposición»…